Reseña: OTRA BODA EN CASTAÑER

Hoy estrena en cines, Otra Boda en Castañer, secuela al hit puertorriqueño, Una Boda en Castañer del 2015. Nuevamente dirigida por Raúl García, esta comedia boricua reúne nuevamente a la familia Zalduondo para celebrar otra gran boda en Lares. En esta ocasión, es Eduardito quien se casa con su pareja Maurice, y esto causa conmoción en el pequeño barrio del campo, creando situaciones cómicas y emocionales.

Lo bueno…

Es imposible no ver en la pantalla grande la pasión, corazón e intención de la producción entera de esta secuela. Uno de los aciertos más grandes es su compromiso de entretenernos mediante una historia para toda la familia, que incluye una boda del mismo sexo en Puerto Rico. Esto es refrescante y muy bienvenido – algo que no se ve todos los días en el cine comercial del patio. De la mano con esto, la producción se esmera nuevamente en hacernos sentir en Puerto Rico, reconociendo y/o aprendiendo en todo momento sobre nuestra cultura y tradición. Al mismo tiempo, hay que darle crédito a esta secuela de tratar de hacer algo diferente a la original y simplemente no repetirse.

Entre las actuaciones, Braulio Castillo hijo y Marcos Carlos Cintrón continúan sobresaliendo en sus respectivos roles de padre e hijo. Ambos cargan exitosamente con la mayoría de los puntos más emocionales del filme. Ahora, son los actores Brian Tester y Francis Rosas quienes se roban el show en una participación secundaria. Tester es encantador como el Padre O’Reily, entregándonos humor inocente cada vez que aparece en la pantalla, mientra que Rosas se la come como el flamboyante planificador de bodas, Antoine. La verdad, uno se queda con más ganas de este personaje, ya que casi no tiene tiempo para brillar. 

Lo malo…

Ahora, el mayor desacierto de esta secuela es su guión, a cargo de Frankie Bracero (Pepo Pal SenadoUna Boda en Castañer). El mismo trata de hacer demasiadas cosas a la misma vez, causando que el enfoque central se pierda casi por completo. Esta secuela incluye varias subtramas innecesarias como la del fallecido Monchin, la del fastidioso abogado Prieto y la obsesiva conquista de Billy. La cinta debió darle más tiempo y espacio a conocer más de la pareja por casarse, Eduardito y Maurice. Realmente no conocemos nada de ellos, ni de su relación. Y, aunque la intención está presente en brillar luz al matrimonio del mismo sexo, la realidad es que no se le dedica tiempo a estos personajes – una oportunidad desaprovechada.

En adición, otro fallo de esta secuela es que las risas no son muchas realmente. El humor situacional, tonto y repetitivo puede que cause una que otra risa honesta, pero por lo demás, la primera cinta hizo mejor trabajo en esta área.

En fin…

Otra Boda en Castañer tiene uno que otro momento lleno de ternura o que causa risa sincera, pero por lo demás la secuela cae muy por debajo de lo que la original trajo a la mesa hace unos años. La intención está presente, pero lamentablemente el guión y su ejecución, no lo están.

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