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Además de darnos filmes como The Matrix y The Phantom Menace, que revolucionaron la industria de cine, el año 1999 también nos trajo The Blair Witch Project. Esta pequeña cinta se convirtió en uno de los filmes independientes más exitosos de todos los tiempos al recaudar $249 millones contra un presupuesto de $60,000 dólares. También, el largometraje fue pionero del estilo “found footage” y de la publicidad viral online para películas.

Diecisiete año más tarde llega a cines hoy la secuela oficial, titulada Blair Witch. La misma trata sobre un grupo de jóvenes, liderados por el hermano menor de la protagonista desaparecida del filme original, que decide aventurarse a los mismos bosques para encontrarla e indagar más sobre la leyenda de la bruja.

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Lo bueno…

La mejor oferta de Blair Witch es que definitivamente se siente como la secuela que los fans de la original siempre quisieron – adiós en el olvido queda Book of Shadows del 2000. El director Adam Wingard (You’re Next, The Guest) logra decente trabajo en lo que básicamente es un remake de la original, pero actualizada a nuestros tiempos modernos. Wingard brilla estirando los procedimientos con nuevas maneras de tomar el pietaje mediante cámaras tipo GoPro, tipo de seguridad preparadas para la noche y hasta con un drone. Gracias a estos instrumentos, Wingard logra crear uno que otro momento de angustia y terror.

Ahora, lo mejor de esta secuela llega ya casi al final del filme. Los últimos 20-25 minutos de la cinta son fantásticos. Aquí el director y compañía nos deleitan con lo que es un viaje loco y aterrorizante, que evoca grandemente la tortura de lo desconocido y el poder de la sugestión de la original. También, el hecho de que Wingard y los escritores logran colocar easter eggs y hasta contestan ambiguamente algunas de las preguntas que quedaron flotando de la original, me pareció genial. Sin duda, el final de este tercer acto es todo lo que un fan de este género desea.

Lo malo…

Lamentablemente lo demás deja mucho que desear y decepciona grandemente. Esta secuela básicamente es un “copy/paste” de la original situada en nuestros tiempos. El guión a cargo de Simon Barrett es aburrido, monótono y repetitivo. Y sí, la primera puede ser acusada de esto mismo, pero sí fue la primera saliendo del bloque. La del 1999 fue cogiendo impulso con cada minuto que traspasaba, atrapándonos en lo que se sentía como un documental real. Esta simplemente toca los mismos “beats” sin añadir nada nuevo ni a la historia, ni al género. Lo único que el guión ofrece positivamente son uno que otro twist remontándose a la original. Los personajes son de cartón y desechables. Ninguno es memorable, y ninguno de los actores sobresale.

Lo peor de Blair Witch es el uso excesivo y dependencia extrema en los baratos “jump scares”. Ya sea mediante un sonido bien alto o un movimiento brusco y exagerado de cámara, el director trata de asustarte continuamente. Donde la original fue tomando su tiempo y fue creando miedo mediante la leyenda de la bruja, aquí todo es a puro gritos y patadas. Dicho ejercicio se torna irritante rápidamente.

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En fin…

No hay duda de que Blair Witch se siente como la secuela oficial del hit original del 1999. El problema es que no es muy buena que digamos. La misma depende demasiado en “jump scares” baratos y en emular demasiado la primera entrega, que se queda bastante corta de las expectativas. Ni un fantástico y espantoso tercer acto logra salvarla.

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