Reseña: SOLO: A STAR WARS STORY

Este próximo jueves llega a cines Solo: A Star Wars Story, la cuarta película de Star Wars en estrenar desde que Disney obtuvo los derechos en el 2012. Luego de la cargada y divisiva The Last Jedi estas pasadas navidades, ahora le toca al spin-off dedicado a nuestro contrabandista cínico favorito, Han Solo. Esta nueva precuela nos presenta los comienzos de Han, uno de los personajes más icónicos del cine, inmortalizado por el gran actor Harrison Ford en cuatro filmes de la saga. Situada aproximadamente 11 años antes de A New Hope, el filme nos introduce a un joven Han Solo, loco por escapar sus alrededores y lograr sus sueños.

Lo bueno…

Para mi sorpresa, lo más destacable de la cinta es la interpretación del joven actor Alden Ehrenreich como Han Solo. Aquí Ehrenreich muestra lo talentoso que es (ver Hail, Caesar!), logrando evocar en momentos el trabajo de Harrison Ford, sin caer en una completa imitación de este. Ehrenreich canaliza a Ford mediante algunas expresiones faciales, su manera de hablar y forma de correr. Pero al mismo tiempo, el actor le inyecta de su propio estilo al personaje, alejándolo efectivamente del de Ford, ya que en estas etapas se supone que sea joven, lleno de energía, terco y más imprudente. Para mi agrado, Ehrenreich hace tremendo trabajo con el material en mano y bajo la increíble presión de tratar de estar a la altura del trabajo de Ford.

Otro de los fuertes de la precuela es todo lo relacionado a las relaciones presentadas. La más que brilla es la relación entre Han y Chewbacca (quien se roba el show). Uno de los mejores momentos de la cinta es ese primer encuentro caótico entre ambos. Ver como dicha relación florece desde entonces es muy divertido y bien ejecutado. Otra relación que sobresale también es la de Han y Lando Calrissian, interpretado sensacionalmente por Donald Glover (ver AtlantaThis is America). Aquí vemos como ambos se topan por primera vez y van creando una relación de respeto y competencia. Glover canaliza la personalidad de Lando efectivamente, evocando fácilmente el trabajo de Billy Dee Williams en los filmes originales.

La dirección servicial de Ron Howard (A Beautiful Mind), quien entró tarde a sustituir a Chris Lord y Phil Miller (diferencias creativas), y tuvo que rodar alrededor de 80% del filme, brilla grandemente en las secuencias de acción. Las mismas son emocionantes y muy entretenidas, situando a nuestros héroes en constante aprieto y contra el reloj. Un intento de robo sobre un tren que revuelve y una cierta carrera legendaria involucrando una cierta icónica nave, son de los mejores momentos en la película.

Cabe mencionar también la hermosa fotografía de Bradford Young (ver Arrival). La cinematografía en Solo es una de las mejores de toda la franquicia (similar a Rogue One). La misma se apoya de tonos oscuros y sucios, adentrándonos en dicho mundo de contrabando, corrupción y traiciones. Hay varias escenas bien iluminadas usando los colores azul y rojo (tradicionales en la saga), que sobresalen y llaman la atención. Tambien hay un sinnúmero de tiros, como Han y Chewie mirando por primera vez el Millenium Falcon o Han confrontando a un grupo de mercenarios, en donde solo vemos su famosa pistola, que terminan siendo muy memorables.

Lo malo…

El problema más grande de Solo es que realmente no ofrece mucha narrativa que digamos. En realidad, la cinta es una cadena de eventos atados por casualidad y nostalgia. El guión, a cargo de Lawrence y Jonathan Kasdan, ofrece cero riesgos y desaprovecha la oportunidad de realmente desarrollar al personaje principal. En otras palabras, Solo sí entretiene, pero no ofrece o añade nada de importancia o impacto a la mitología de Star Wars. Y en general, esta es la mayor desilusión de la precuela.

Por otro lado, Solo se mantiene a flote mayormente gracias a pura nostalgia. La cinta básicamente se convierte en un ejercicio de ir tachando eventos importantes de un checklist sobre la vida de Han Solo. ¿Cómo nuestro héroe consiguió su nombre icónico? Check. ¿Cómo conoció al gran Chewbacca? Check. ¿Cómo conoció a Lando Calrissian? Check. ¿De dónde salió su famosa arma? Check. ¿Cómo consiguió el Millenium Falcon? Check. Todo está aquí, y como fan, claro, ver todo esto es divertido. Pero la realidad es que se siente forzado y sin duda, como puro “fan service” – especialmente para aquellos fans que aun siguen changuitos luego de The Last Jedi.

Por último, tengo que sacarme del sistema que para nada termine siendo fan del nuevo personaje L3-37, el nuevo droide y acompañante de Lando Calrissian. El mismo resulta en una copia del droide K-2SO (que sí funcionó en Rogue One), pero más exagerado y forzado. Su personalidad y agenda es demasiada en la nariz, tornándose latosa.

En fin…

Solo resulta en una liviana y entretenida aventura dentro del universo de Star Wars, que nos presenta los comienzos (greatest hits) de uno de los personajes más icónicos del cine. El spin-off incluye tremenda acción y una hermosa fotografía, al igual que varios momentos muy gratificantes para los fans incondicionales de la saga. Los actores Alden Ehrenreich y Donald Glover se lucen en sus respectivos papeles, mientras que Chewbacca se roba el show. Lamentablemente, falta de riesgos y una trama predecible hacen de la entrega una que termina lejos de las mejores dentro de la franquicia. Solo tiene sus momentos, pero solo resulta decente y pasable, debido a que no ofrece o añade nada nuevo al mundo de Star Wars. Como siempre, el tiempo dirá dónde exactamente cae dentro de la franquicia. Pero mientas tanto, Solo me gustó y recomiendo que la vean en la pantalla grande. 3/5

Solo: A Star Wars Story estrena este jueves, 24 de mayo en cines locales. 

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